Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Problemas de hermano mayor

Soy el hijo mayor de mis padres, y eso marca. Los primogénitos me entendéis bien. Niño, cuida de tus hermanos. Niño, tienes que dar ejemplo. Como tu hermanito es pequeño se lo permitimos, pero tú ya eres mayor. Etc. He generado un pútrido sentido de la responsabilidad que me hace vivir como si me persiguiera la señorita Rotenmeyer.

Es un espanto, porque en las parábolas del Evangelio en que aparecen hermanos mayores, todos son un desastre. Pensad en el hermano mayor del hijo pródigo, o en aquel hijo mayor que prometió a su padre ir a trabajar a la viña y no lo hizo.

Como así no hubiera podido entrar en el reino de los cielos, mi conversión ha sido la de Benjamin Button. Ante Dios, he decrecido, y soy ahora el más pequeño de sus hijos, un bebé que apenas gimotea, porque ya no sabe ni hablar.

En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. El niño pequeño no hace nada por sí mismo. Se deja hacer, se deja querer, se deja alimentar y sonríe. Mira qué mono, qué carita de alegría.

Es más fácil.

(TOP19M)

¿Qué pinto yo recordando al Correcaminos?

Muchos pasan la vida huyendo de la muerte, como huía, cuando yo era niño, el Correcaminos del Coyote en los dibujos animados, pero con menos suerte. La muerte es un perseguidor más listo que el Coyote, y no usa artilugios marca ACME. Puedes pasar la vida huyendo, y la muerte siempre te atrapará. Habrás fracasado sin remedio.

O puedes darte la vuelta, encarar la muerte, y decidir entregar la vida voluntariamente. Nadie me quita la vida, yo la entrego libremente (Jn 10, 18). En lugar de convertir tu vida en una huida abocada al fracaso, la conviertes en un regalo que entregas a Dios y a los demás. Y lo haces con alegría, sin la angustia de quien siente que le arrebatan la existencia. Y mueres sonriendo, y esa sonrisa es el corolario de tu entrega generosa.

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

Existe una tercera opción: Dejar que otros te quiten la vida. Cuando la entregas tú, aún eres su dueño y decides a quién se la das. Cuando otros te la arrebatan y tú te dejas comer mansamente por Amor, eres hermano de los mártires.

(1008)

Y el agua se volvió camino llano

Hay que agradecer a la Iglesia que proponga este evangelio tan acuático y tan refrescante en medio de los calores de agosto. Aunque no sé si al bueno de Simón le hizo mucha gracia el chapuzón.

El Mar de Galilea es un escenario tremendamente evocador. Entre la orilla del nacimiento y la del Paraíso navegamos sobre las aguas de la muerte. Y, de cuando en cuando, se hace de noche. La noche está llena de fantasmas. La luz se apaga, las tinieblas nos rodean, los temores nos acosan… ¿Cuándo se hará de día?

A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Áni­mo, soy yo, no tengáis miedo!»

Atraídos por esa voz, miramos al Crucifijo, y vemos a Jesús caminado sobre la muerte y las tinieblas. Su rostro irradia paz. Como la zarza a Moisés, nos dice: «Yo soy».

Mándame ir a ti sobre el agua.

Mientras lo miramos, la noche se vuelve día y las aguas de la muerte camino llano. Entonces decidimos no apartar jamás los ojos de la Cruz.

(TOA19)

¡Que no! ¡Que no podemos!

Fue Barak Obama quien puso de moda ese lema: «Yes, we can». En España se fundó un partido político inspirado en esas palabras: Podemos. Y la gente se lanzó, ya en español, a canturrear en todas las manifestaciones: «Sí, se puede».

¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?, le preguntan los apóstoles al Señor, tras haber fracasado intentando expulsar a un demonio.

A ver si nos enteramos de una vez: Porque no podéis, no podemos, no podréis, no podremos, no pueden, no podrán… No podemos nada. Somos la pura impotencia. Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5).

Sin humildad, no sólo estamos perdidos, sino que hacemos el ridículo ante el cielo y la tierra. Somos pobres y desvalidos, estamos llenos de miserias y limitaciones, nada podemos por nosotros mismos salvo pecar.

¿Y entonces?

Todo lo puedo en aquel que me conforta (Flp 4, 13). Entonces nosotros, que somos niños pequeños incapaces de valernos, nos damos cuenta de que tenemos un Padre omnipotente que nos ama con locura. Y, en lugar de jugar a ser mayores y a calzarnos los zapatos de Papá, nos dejamos abrazar y confortar por Él. Y cuanto pedimos en Amor lo obtenemos. Somos omnipotentes.

(TOP18S)

Los santos y la cerveza

¿Te molesta que te diga que eres un egoísta? Te lo digo con cariño, y no para molestarte, sino para que te salves.

Ah, he dicho la palabra clave: «salvar». Ésa es toda tu pretensión, salvar los muebles, salvar tu tiempo, salvar tus planes, salvar tu salud, salvar tu tranquilidad… Una lucha interminable. Y, cuando creas haberlo salvado todo, te perderás tú. Y tus cosas contigo. Da la vuelta, por favor.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.

¿No te das cuenta de que no estás disfrutando de la vida? Ni de tu tiempo, ni de tu dinero, ni de tus planes. Tanta lucha por salvarlos, y al final se te marchitan en las manos. Tras el éxtasis del primer trago de cerveza fresca, el resto pierde el gas y se te caldea en la jarra, la bebes como un autómata, ni te enteras. Si te has molestado porque te he llamado egoísta, no me arriesgaré a llamarte, además, tonto.

Mira la sonrisa de los santos. ¡Qué disfrutones! Se enamoraron, lo entregaron todo, y vivieron llenos de alegría. Disfrutaron del Amor… y disfrutaron, mucho más que tú, de la cerveza.

(TOP18V)

¡Qué cerca está el Tabor!

¿Te hubiera gustado subir al Tabor con Pedro, Santiago y Juan? ¿Te hubiera gustado participar de ese momento de cielo, cuando la gloria de Cristo llenaba el aire? Pues sube.

Sube con fe al altar de Dios. Porque la Misa, que es renovación incruenta del sacrificio del Calvario, precisamente por ser incruenta es, también, Tabor.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol. Allí resplandece de gloria Cristo cuando el sacerdote, tras consagrar el pan, lo muestra al pueblo. Levanta los ojos, míralo. ¿No te parece hermosísima la sagrada Hostia? ¿No te parece que el aire a su alrededor se viste de luz?

Se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Allí, en la proclamación de la palabra, se congregan Moisés y Elías, la Ley y los profetas. Y nos hablan misteriosamente de Cristo.

Una nube luminosa los cubrió con su sombra. Allí, cuando el sacerdote invoca al Espíritu, una nube misteriosa rodea el altar. Si afinas el oído, tras la consagración oirás al Padre: Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco.

Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Te ha salido del alma al comulgar. ¿Ves qué cerca está el Tabor?

(0608)

El alimento de los hijos

Me hablaste de un enfermo, y te prometí rezar para que confesara y recibiera la unción. Entonces te indignaste: «Padre, rece para que se cure. Ya se confesará después».

Ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

Yo también quiero que se cure, pero se te escapa, quizás porque el dolor te ciega, que existe una gracia mayor.

El Pan que comeremos hoy en la Eucaristía no son unas migajas que se le hayan caído a Dios de la mesa de los hijos. Dios nos ha hecho hijos. Más que el pan de los hijos, comeremos al Hijo hecho pan. La curación de una enfermedad no es sino un aplazamiento de la muerte. La absolución sacramental y la santa unción son vida eterna.

¿No lo entiendes? Dios nos trata como a hijos, no como a extraños, y nos hace compartir la suerte del Hijo. Quien comulga no debe extrañarse de la Cruz.

Pediré que el enfermo se cure. Pero pediré, sobre todo, que se salve.

(TOP18X)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad