Y, al final, ¿qué es un santo? ¿El que alcanza el último peldaño de la escalera moral: malo, normal, bueno, buenísimo… y santo? ¿Alguien que nació con genes que lo predisponen para la mística? ¿Un friki de la religión que lleva las cosas hasta el extremo? ¿Qué es un santo?
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
Un enfermo curado por el Médico. Un pecador perdonado por Cristo. Un pecador enfermo a quien Jesús dice: Sígueme.
Porque es el Señor quien toma la iniciativa. Todo, en los santos, viene del cielo. Todo es gracia.
¿Quiere eso decir que ellos no han hecho nada?
Claro que han hecho: Él se levantó y lo siguió. Han escuchado la llamada, se han levantado, han dicho que sí a Cristo, se han dejado perdonar, se han dejado sanar… Por eso Dios ha podido obrar maravillas en ellos.
Por no rezar, por no escuchar, por no levantarse (¿del reclinatorio?), por miedo a decir que sí, muchos se sepultan en la mediocridad cuando podrían ser grandes santos.
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