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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La muerte en nosotros, la vida en vosotros

Siempre me han llamado la atención estas palabras que san Pablo dirige a los Corintios: La muerte actúa en nosotros y la vida en vosotros (2Co 4, 12). Me hacen pensar en un árbol seco y ya gastado rodeado de flores y arbustos frescos que se comieron su savia. O en ese Cristo muerto sobre el Leño derramando vida eterna por su costado.

Leed, si no, el evangelio de hoy:

En los pueblos, ciudades o aldeas donde llegaba colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Mirado desde el lado de aquellos enfermos, el día en que quedaron sanos tras tocar la orla del manto del Señor sería para ellos, en adelante, un día señalado en el calendario. Quizá lo celebrasen cada año: «Un día como hoy toqué a Cristo y fui curado».

Pero miradlo ahora desde el lado de Jesús. Imaginad lo que supondría para Él despertar del sueño cada mañana y pensar que va a pasar el día entre multitudes que lo estrujarán para tocarlo. Menudo agobio, vaya panorama.

Pero Él sabía que había venido para dejarse comer.

(TOP05L)

Lo fácil y lo difícil

Cada vez que alguien me dice que le resulta difícil rezar, me siento movido a escribirlo de nuevo: Rezar no es difícil. ¿Cómo va a ser difícil descansar delante del Señor, mirarlo y ser mirado por Él, escuchar su palabra y gozarse en cada sílaba? Rezar es fácil. Lo difícil es entregar la vida: bajar del Tabor cuando termina la oración y subir al Gólgota. Y sonreír a quien te importuna. Y perdonar a quien te ofende. Y cancelar tu descanso para atender a quien te necesita. Y escuchar pacientemente a quien nunca termina de hablar… ¡Eso es lo difícil!

No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Al Monte subió un hombre cargado con una cruz. Y tras Él subieron los mártires, y las vírgenes, y los santos… Allí se fundó una ciudad, la Ciudad de Dios. Tu patria. Porque vives allí ¿verdad? ¿O no?

Vosotros sois la luz del mundo. Y esa luz brilla porque la lámpara se quema generosamente. En la oración se carga de aceite. En la vida se consume. Lo primero es lo fácil. Lo segundo, lo difícil; pero vale la pena. Apréndelo, y no repitas que te cuesta rezar.

(TOA05)

El descanso perfecto y la pausa del café

El mejor descanso no es la pausa del café, cuando, a mitad de la jornada, te ausentas unos minutos para darte un respiro y seguir trabajando después. El mejor descanso es el del trabajo terminado y bien hecho. Dios, el gran trabajador, descansó el sábado, tras haber creado el cielo y la tierra y contemplar que todo era bueno.

Su Hijo también descansó en sábado en el silencio de lo profundo de la tierra, tras haber entregado su cuerpo en la Cruz.

Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco. Les salió mal. Porque, cuando llegaron al lugar pensado para el reposo, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Y Jesús, al contemplar aquella multitud, se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Era la pausa del café. Y no pudo ser. Quedaba mucho trabajo por hacer.

Ojalá sepas descansar. Lo necesitas tú, y lo necesitan quienes te rodean. Pero no te apegues demasiado a esos tiempos de reposo. Hasta que no hayas entregado la vida, queda trabajo por hacer. En el cielo tendremos el descanso perfecto.

(TOP04S)

Mira bien a quién te entregas

Hay frases que una persona solamente debería pronunciar ante Dios. Una de ellas es la que pronunció Herodes. Y la pronunció, no ante Dios, sino ante una joven que acababa de seducirlo con la sensualidad de un baile:

Pídeme lo que quieras, que te lo daré.

Cuando un hombre entrega al Creador de este modo su voluntad, queda liberado, porque Dios rompe las cadenas que lo ataban al pecado y, adueñándose dulcemente de él, lo hace capaz de acciones divinas. La Virgen le entregó de esta forma su voluntad al Señor, y es inmaculada y madre de Dios. Los santos, que han sido las personas más libres y felices de la Humanidad, nos han enseñado a orar así. En palabras de san Ignacio: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad».

Pero cuando el hombre, como Herodes, le dice a una criatura: Pídeme lo que quieras, que te lo daré, queda esclavo de ella, y es Satanás quien, sirviéndose del pecado que supone arrebatarle a Dios la obediencia debida, secuestra la voluntad de la persona y la anula.

En definitiva: O le entregamos nuestra voluntad a Dios y somos santos, o se la entregamos al Enemigo y quedamos muertos y esclavizados.

(TOP04V)

Ten hermanos

Conocí a una mujer que, cuando venía a misa, buscaba el último banco, el último rincón de la iglesia, allí donde no hubiera nadie cerca. No quería tener que estrechar ninguna mano en el rito de la paz. Deseaba asistir a misa sin que nadie la perturbase. No estaba muy bien, la pobre.

Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos. Desde el principio quiso Jesús que ningún cristiano estuviera solo. Que todos tuvieran hermanos cerca. Me dirás que ya tienes a tu familia, vais a misa juntos y oráis juntos en casa. Y te diré que no basta. Es necesario que vivas tu cristianismo en una familia espiritual, entre hermanos que lo sean por la fe.

Ellos te harán experimentar que no caminas solo. Y también te importunarán y te harán sufrir, porque esa intimidad, entre pecadores, genera roces propios de la vida familiar. ¿Acaso crees que ningún apóstol se peleó con su compañero de camino? Así aprenderían a amar al hermano tal como es, también con sus defectos.

Busca esa familia. En tu parroquia, o en algún grupo cristiano donde te sientas en casa. No quieras vivir tu cristianismo en solitario. Ten hermanos.

(TOP04J)

El imposible apostolado del pijama

Se dice que donde hay confianza da asco. Y ojalá no fuera verdad. Aunque, desgraciadamente, con frecuencia lo es. Tampoco ayuda el que uno se permita, en su casa, «libertades» que no se permitiría ni siquiera en el bar. Cuando se pierde el decoro, se falta al pudor y se olvidan las buenas formas, el respeto es lo siguiente en caer.

Y así le ocurrió a Jesús. En otras ciudades le presentaron a los enfermos, lo escucharon y se admiraron de su doctrina. Pero en Nazaret le habían perdido el respeto. Eran incapaces de asombro ante nada que procediera de Él.

¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María?

De un carpintero sólo puedes esperar una mesa o una puerta. En el taller no se aprende a hacer milagros.

No te extrañe si te ocurre lo mismo con los tuyos. El apostolado del pijama es misión imposible. Quien te ha visto en pijama no querrá aprender nada de ti. Tendrán que venir otros de fuera a hablarle de Dios. A ésos los escuchará. Tú reza para que vengan.

(TOP04X)

La muerte tiene remedio

¡Qué frase tan repetida, tan terrible y tan falsa! «Todo tiene remedio menos la muerte». A remediar la muerte ha venido Cristo. Lo que no tiene remedio es la condena eterna de quienes, con el corazón endurecido, se niegan a aceptarlo como Salvador.

Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Ahí los tienes. Todo tiene remedio menos la muerte. Pero tu hija ha muerto. Resígnate, nadie puede hacer nada ya.

No temas; basta que tengas feLa niña no está muerta; está dormida.

Jesús es el remedio. Él levanta la mirada de Jairo y le muestra, a la luz de la fe, el otro lado de esa puerta que Él abrirá de una vez por todas al resucitar de entre los muertos. No hay que temer. Tras el sueño de la muerte despunta el amanecer de la vida ante la sonrisa de Dios.

Vivo frente a un tanatorio. Recojo lágrimas casi a diario. Y veo cómo esos ojos que lloran se alzan hacia la luz cuando escuchan que su padre, su madre, su hermano han sido llamados a la vida, a la luz y al Amor eterno de Dios. Contigo hablo, niña, levántate. Despierta y vive.

(TOP04M)

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