Ya que están gritando, escuchemos a esos indignados que tanto trabajaron.
Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El problema no está en la paga; al fin y al cabo, era lo convenido. El problema está en cómo han pasado el día unos y otros, y en la ceguera de los indignados. Hagamos un flashback:
Doce de la mañana. El dueño de la viña sale a la plaza y encuentra a otros que estaban en la plaza sin trabajo. ¿Qué diferencia a éstos de aquéllos que llevaban ya varias horas trabajando en la viña?
Éstos, que están ociosos, se están muriendo. Aquéllos están entregando la vida. Éstos están entretenidos esperando a la muerte. Aquéllos están produciendo frutos para la viña y para el mundo. Por eso a éstos los llama el dueño: tiene compasión al ver una vida estéril.
Tú ¿qué prefieres? ¿Esperar a la muerte viendo series de TV o entregar generosamente la vida a Dios y a los hermanos y dar fruto? No seas tan ciego como aquellos indignados. Que una vida fecunda ya es buena paga. Después, el cielo.
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