Hace años soñé que estaba en el cielo. No creo que el cielo sea como lo soñé, aunque me encontraba muy bien allí. Prefiero soñar que estoy en el cielo a soñar que me devora un monstruo de seis cabezas. Lo que me llamó la atención del sueño aquel fue que, a pesar de lo bien que me sentía, estaba sufriendo. Sufría porque deseaba volver a la tierra a contarle a mis amigos lo maravilloso que era el cielo, y no encontraba el camino de regreso. Jajaja, cuando desperté, ya no había remedio. Ni siquiera aquí voy a contar el sueño, el cielo tiene que ser mucho mejor.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
El sueño me ha servido para entender a Jesús. Cuando disfrutamos algo bueno, queremos que nuestros seres queridos lo disfruten también. Me sucede con las películas, aunque hace años que no veo una película buena.
Pero cómo no voy a entender, oh Jesús, que estés deseando que comparta contigo el cielo. ¡Si yo estoy deseando que me lo enseñes!
(TP07J)

















