En Occidente, la verdad ha dejado de interesar. Por mucho que se denuncien las «fake news», esas denuncias son también «fake», porque llaman «fake» al relato que no coincida con su relato. Hemos perdido pie con la verdad. Vivimos en una nube ideológica donde lo que salga de los parámetros de las consignas oficiales queda automáticamente fuera de juego como «fascista» o «retrógrado». Si un periódico español (y eso no va a pasar) abriera la edición de mañana titulando: «Trescientos niños han sido aniquilados ayer en el vientre de sus madres», el dueño del diario sería procesado por delito de odio, y la noticia catalogada como manipulación o «fake news».
Pero es la verdad.
¿A quién le importa?
Queda mejor poner en portada un crimen (¡uno!) machista. Aplausos al editor. Y un minuto de silencio por la víctima en todos los escenarios oficiales.
Por eso venero a Juan Bautista. Porque fue mártir de la verdad.
Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Y murió por fascista.
Tenemos que recoger ese testigo. Y perder el miedo a la verdad, aunque nos cueste la vida. Porque Cristo es la Verdad. Y lo demás… «fake».
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