Al paso que vamos, llegará un día en que se producirán semillas de efecto instantáneo. Introducirás la pepita de una manzana en tierra y ¡catapum!, en menos de diez segundos tendrás el manzano crecidito y repleto de manzanas. Igual incluso alguna rama producirá compota ya enlatada y todo.
Pero, por mucho que corramos, seguirá habiendo cosas que requieren su tiempo:
Permaneced en mí, y yo en vosotros.
Dios no es un cargador rápido que te llena la batería del móvil en diez minutos y después lo desconectas. La vida de gracia requiere vencer al pecado mortal, que nos arranca de Cristo, y permanecer. Vivir en gracia durante días, meses… ¡años! Y sólo entonces comienzan a brotar los frutos del Espíritu.
Para que la gracia en tu alma no sea una bengala fugaz, aquí te anoto tres consejos que te ayudarán a permanecer:
La confesión frecuente, que no sólo perdona el pecado, sino también lo previene.
La oración diaria, por la que el alma se alimenta de la gracia derramada en ella.
Y la caridad, que es la que hace que todo ello dé fruto. Porque sin la caridad, sin la entrega real de la vida, todo lo demás se pierde.
(TP05X)

















