Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Cuanto más grande seas…

Te copio dos versículos del libro del Eclesiástico:

Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor. Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos (Eclo 3, 18-19).

Hoy dice Jesús a su Padre:

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte. Mirad al más grande, a Dios encarnado, colgando de una cruz. Y a personas con la altura moral de un mosquito ciego como Herodes, Caifás, Pilato o los propios soldados escupiéndole, azotándole, insultándole y matándolo. Parece que el mundo es suyo, se creen los amos. Todos han muerto. Cristo vive para siempre y reina sobre cielos y tierra.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte. Cuando crees que sabes más que el resto, cuando lo ves todo «tan claro», cuando estás convencido de tener razón… agáchate. Expón tu opinión con sencillez y deja que te lleven la contraria. Ve por el Camino, por Cristo, y reinarás con Él. Lo que es mejor: conocerás los misterios del Amor de Dios.

(TOA14)

Cuando os arrebataron al Esposo

Sé que me he referido a ello más veces. Pero la experiencia ha dejado una huella imborrable en mí. No puedo olvidarlo. Y cada vez que leo estas palabras del Evangelio, vuelvo de nuevo a 2020, a aquellos días del maldito confinamiento causado por el Covid19:

¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

Mi sacerdocio me convirtió en un auténtico privilegiado. Pude celebrar misa todos los días. Pero fueron muchísimos quienes sufrieron lo indecible por no poder comulgar, dado que las iglesias estaban cerradas. Les arrebataron al Esposo, aquello fue un error terrible que espero no se repita jamás. Y aquellas personas padecieron el peor de los ayunos: el de la Eucaristía.

Claro que a muchos aquello les daba igual. Hacían pasteles, jugaban a videojuegos, salían a la ventana para aplaudir a las ocho de la tarde, y ni se les pasaba por la cabeza que no habían comulgado. Tampoco comulgaban en tiempos de normalidad.

Sólo quien comulga todos los días sabe lo que es un día sin comulgar. Pero también sólo él conoce la inefable dulzura del Pan de Vida.

(TOP13S)

Ahora me ves, ahora no me ves

Cuesta entenderlo:

¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.

Cuesta entenderlo, porque cuando amas quieres ver al ser amado. Sin embargo, lo que ven los ojos siempre acaba desapareciendo de la vista. Ahora me ves, ahora no me ves. Te tengo delante, pero te tienes que marchar. Te veo cada mañana, hasta que mueres y dejo de verte, y mis ojos ya no encuentran consuelo. Así de consolador, así de triste.

Jesús se dejó ver durante tres años por sus discípulos. Y, después de resucitar, durante tres minutos por María Magdalena. Luego desapareció de la vista y lo ocultó una nube. Ahora me ves, ahora no me ves.

Bienaventurados los que crean sin haber visto. Creer es ver con el alma lo que se oculta a los ojos. Es gritar por dentro: ¡Señor mío y Dios mío!, mientras el sacerdote alza la sagrada Hostia.

Lo que crees no se marcha, permanece siempre. Puedes contemplarlo sin descanso. Por eso dice san Pablo: No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno (2Co 4, 18).

(0307)

Para animarte

Tú estás hecho migas, llorando tus penas en un banco del parque, porque te ha dejado la novia, se te ha roto la lavadora y te has manchado la camisa nueva con el café del desayuno. Y se te acerca un amigo, te da una palmadita en la espalda y te dice: «¡Ánimo!». Entonces levantas la cabeza y lo miras con la cara con que debió mirar Otelo a Desdémona antes de asfixiarla.

¿En serio sirve para algo, cuando estás hecho polvo, que alguien te diga: «¡Ánimo!»?

Para nada.

Salvo que te lo diga el Señor. El mismo Señor que llamó a la luz y la luz se hizo.

¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados.

Y, a la vez que te dice «¡Ánimo!» y te anima, te dice «tus pecados están perdonados» y limpia tu alma de toda culpa.

Tu novia no va a volver; menos aún después de eso que le hiciste. La lavadora tendrás que cambiarla por una nueva, cosas de la obsolescencia programada. Y lo de la camisa se arreglará cuando tengas la lavadora nueva.

Pero ve al sacerdote, confiesa tus pecados, pasa un rato delante del sagrario y verás cómo afrontas todo con buen ánimo.

(TOP13J)

Políticamente incorrecto

He aquí un pasaje evangélico que podría irritar a toda la progresía contemporánea.

A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Para empezar, esto es antivegano. Aquellos gadarenos deberían dedicarse a cultivar nabos, no a curar jamones. ¡Qué vergüenza!

Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Esto es antiecológico. ¿Cómo se le ocurre al Señor permitir que los cerdos contaminen las aguas del Mar de Galilea? Y, peor aún: imaginad a los pobres peces comiendo chorizo. ¡Qué espanto!

Pero, por si fuera poco, es antianimalista. Menuda forma de tratar a los animalitos. Va contra la ley de protección animal.

En resumen, el pasaje es antitodo menos antialma. Porque lo que entendemos gracias a este milagro es que vale la pena perderlo todo por salvar un alma. Que si hay que quedarse sin cerdos, sin jamones o sin ingresos por salvar un alma, bien perdido está todo. Antes morir que pecar.

Le rogaron que se marchara de su país. Seguro que quienes, disgustados por la pérdida de la charcutería, pedían a Jesús que se marchase, también le hubieran agradecido que expulsara los demonios. Pero conservando los jamones. No habían entendido nada.

(TOP13M)

Jesús habla cuando duerme

Aún no podían entenderlo. Lo entendieron, lo entendimos después. Aunque muchos siguen sin enterarse.

Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.

Se alborotaron. La muerte ruge y la vida duerme. ¿Quién podrá salvarse? Vamos a morir todos. Lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Fue porque no entendían. No entendían que Jesús habla cuando duerme, grita cuando calla. Vale más mirar y atender a Jesús dormido que alterarse por las tormentas. Sé que es fácil decirlo y difícil mantener la calma. Hace falta mucha vida espiritual. También es un don. He estado debajo de las bombas y he experimentado una paz muy serena en el alma mientras las manos temblaban. Jesús dormía. Pero hablaba en silencio. ¡Qué palabra tan poderosa!

¿Qué dice ese Jesús dormido? Dice: «Tranquilos. Tenéis miedo de la muerte. Y del sufrimiento. Pero, si estáis a mi lado, la muerte os lleva al cielo y el sufrimiento a mi Cruz. No temáis».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Míralo en pie sobre la Cruz, calmando la verdadera tormenta: la del infierno. Y sin despertar.

Ten miedo sólo del pecado.

(TOP13M)

Pedro, Pablo y la Cruz

Los llamamos «columnas de la Iglesia». Pero para que las columnas sostengan el edificio, deben estar ellas bien asentadas. De otra forma, la casa entera caería.

Fue necesario, para que Pedro y Pablo realizaran su labor, que primero se reconciliaran con la Cruz. Sólo las columnas asentadas sobre la Cruz podrán mantenerse firmes.

Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo, dijo Pedro. Pero tras proclamar así su fe, cuando Jesús le anunció su Pasión Simón protestó: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte (Mt 16, 22). Después, llegado el momento de la verdad, huyó de la Cruz y negó tres veces a su Maestro. Sólo tras haber llorado amargamente su traición se abrazó a Jesús resucitado: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero (Jn 21, 17). Después murió mártir.

En Atenas, Pablo hizo el «discurso de su vida» (Hch 17, 22ss). Tan cuidado, tan hermoso, que omitió la Cruz y pasó directamente a la Resurrección. Se rieron de él. No hizo falta otra advertencia. De Atenas pasó a Corinto y allí no quiso anunciar otra cosa sino a Jesucristo, y este crucificado (1Co 2, 2).

Por eso ambos son columnas de la Iglesia.

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