Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

La pregunta escondida en la parábola

No podemos quedarnos tranquilos tras escuchar la parábola. La mayor parte de nosotros, si consideramos nuestro nivel de vida, nos parecemos más al rico que al pobre. Pero ¿es realmente la pobreza material un seguro de salvación eterna? ¿Existe un nivel de renta por encima del cual se llega necesariamente al Infierno? ¿O la parábola habla de otra cosa?

Creo que la parábola es una pregunta por lo que nos hace felices. Epulón encontró su dicha en la opulencia, por eso lo llamamos así. Se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Lázaro tenía cerradas las puertas de la opulencia, y quizá por eso levantaba los ojos al cielo buscando su consuelo en Dios.

¿Y yo? Confieso que, a lo largo del día, en determinados momentos de cansancio me adelanto a la cena y me imagino sentado en la butaca de mi casa degustando un sándwich. Pero ¿quiere eso decir que mi felicidad consista en quedarme a solas con el sándwich? Espero que sólo quiera decir que estoy cansado.

Por simplificar, la verdadera pregunta queda en el aire: ¿Qué es lo que realmente me hace feliz, la oración y la entrega o la televisión y el sándwich?

(TC02J)

Buscando puestos

Seamos claros: lo que pide la mamá de Santiago y Juan para sus niñitos no es, precisamente, la santidad, sino un puesto en este mundo.

Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

No los quiere en el martirologio, sino en el Gobierno. De vicepresidentes. Nada menos. Porque cree que Jesús instaurará un reino temporal, y sus niñitos tendrán escolta, coche oficial y sitio reservado en los banquetes.

No sabéis lo que pedís.

No lo saben. Porque, en este mundo, el puesto de Jesús no está en un trono, sino en la Cruz.

Sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Y su Padre había reservado ese puesto para dos ladrones. Si mamá lo hubiera sabido…

Yo a mi Mamá, a la Virgen, le pido que me consiga el puesto más cercano al corazón de Cristo. Ni a la derecha ni a la izquierda, sino dentro, como ermitaño de la llaga del costado. Pero, en cuanto a mi puesto en este mundo… Allí donde Jesús me quiera, allí quiero yo estar.

(TP02X)

El supervisor

Lo vi una vez en una obra que hicimos en la parroquia en que estaba entonces. Cómo el jefe de obra, que jamás se quitaba el cigarrillo de la boca, distribuía los trabajos, asignaba las cargas, daba las órdenes… mientras él miraba y fumaba; fumaba y miraba. Nadie se atrevía a decirle nada. Pero yo le pregunté: «Todos éstos se están dejando la piel. ¿Tú que haces?». Me respondió: «Yo superviso». Y se fue al bar a tomar un café, porque supervisar es agotador.

Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Supervisar es poco cristiano. Es mirar desde arriba, sentadito, cómo los demás trabajan duro. Lo cristiano es mirar desde abajo, y mirar a la Cruz. Y contemplar en ella a quien llevó nuestras cargas, y así aprender a hacer el bien (Cf. Is 1, 17). Y elegir siempre la peor parte, la que nadie quiere. Y mostrar a los hombres el camino más con la vida que con consejos de supervisor.

(TC02M)

Cuando eres feo

Si Dios no fuera misericordioso, nuestros ayunos y penitencias serían la tristeza en estado puro. Pero si Dios es misericordioso –¡y lo es!–, entonces ayunamos llenos de esperanza.

¿Qué es la misericordia? La misericordia es el amor al miserable cuando sus miserias están al aire. Consiste en que, cuando todo lo he hecho mal; cuando he traicionado a Dios, al prójimo y a mí mismo; cuando me he hundido en la ciénaga de mi pecado; cuando nadie que me viera en ese estado podría amarme, entonces Dios me mira, me sonríe, me abraza aunque esté sucio, me besa y me limpia. Y me dice: «También te amo cuando eres feo».

Has perdido los nervios en casa. Te has enfurecido. Le has gritado hasta al gato. Y todos huyen de ti, no quieren que les caigan más berridos. El gato se ha subido al tejado. Y tú estás lleno de vergüenza. Pero de repente miras al cielo, y ves que Dios te sonríe y te tiende la mano.

Pues, ahora que lo sabes, recuerda lo que ha hecho Dios contigo y haz tú lo mismo: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. Baja ya del tejado y sonríe al energúmeno.

(TC02L)

El festín de la Cuaresma

Es bueno realizar ejercicios espirituales en Cuaresma. Si puedes hacerlo, te aconsejo que no desaproveches la ocasión. Cristo quiere quedarse a solas contigo para hablarte al corazón.

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos. La Transfiguración fueron unos ejercicios espirituales. De repente, todo dejó de importar salvo Cristo. Aquellos tres olvidaron sus problemas y sus urgencias, cerraron las puertas del mundo y quedaron a solas con Él. El Espíritu, simbolizado en aquella nube, los cubrió y se llenaron de Dios. Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escu­chadlo. Sus corazones se abrieron y escucharon al Señor, lo acogieron en lo más profundo de sí mismos. Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! No querían marcharse.

Y, aunque no tengas posibilidad de dedicar al menos un fin de semana a hacer ejercicios, busca, todos los días, quince o veinte minutos para pasarlos a solas ante un sagrario. Sin esos tiempos de soledad con Cristo, la Cuaresma quedaría reducida a ayuno y limosna, es decir, muerte sin vida, dolor sin gozo. Porque la oración es el festín de la Cuaresma.

(TCA02)

La perfección clavada en el Madero

Continuemos donde ayer lo dejamos. Mantengamos los ojos en la Cruz mientras escuchamos las palabras del Salvador.

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. Si te quedaban ganas de «echarte a cumplir», espero que estas palabras te las quiten del todo. ¿Cómo vas a lanzarte a ser perfecto como Dios? Recuerda lo que te dije: Primero contempla.

Contempla a la perfección clavada en un madero. Despreciado, precisamente, como imperfecto y blasfemo, varón de dolores y desecho de la Humanidad, Él es la perfección y hermosura de Dios. ¡Qué paradoja! Quisieron revestirlo de asco y vergüenza, y no hay belleza en la tierra mayor que el Crucifijo. En Él está el Amor llevado hasta el extremo, hasta la plenitud, hasta la entrega total.

Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. ¿No es Cristo crucificado el sol que brilla con brillo de perdón sobre los malos y con fulgores de gloria para los buenos? ¿No es el agua manada de su costado la lluvia que santifica a los justos y limpia a los injustos?

Sigue contemplando. Que todo eso se cumplirá en ti.

(TC01S)

Contempla primero. Ya cumplirás después

Te agobian las palabras del Señor. Te ves incapaz de cumplirlas. Es como si te cerraran las puertas del cielo.

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín.

¡Tantas veces te dejas llevar por la ira! Y si se escribieran todos los adjetivos con que has «adornado» a tus hermanos, no creo que resultara, precisamente, un poema de amor.

Sin embargo, no temas. No tienes que cumplir esas palabras, sino dejar que ellas se cumplan en ti. Antes de dar por perdido el cielo, contémplalo clavado en una cruz.

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Mira cómo pide Jesús perdón para sus verdugos. Mira su mansedumbre, su paciencia, su amor hacia quienes lo matamos.

Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín. Mira cómo llama Jesús a quien lo traicionó: Amigo, ¿a qué vienes? (Mt 26, 50).

Contempla. Enamórate. Y ése a quien contemplas y de quien te enamoras imprimirá su imagen en tu corazón. Quedarás crucificado con Él. Y sus palabras se cumplirán en ti.

(TC01V)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad