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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Los límites de la ciencia

Desde la pandemia de 2020, el discurso sobre la ciencia se ha prodigado muchísimo. Con gran peligro, porque se habla de la ciencia como si tuviera la respuesta a todas las preguntas. Resuena, tras esta concepción, el «seréis como dioses» de la serpiente.

La ciencia ayuda a responder preguntas sobre los aspectos más sensibles de la realidad, lo que vemos y tocamos. Y es de gran ayuda. Acudes al médico con un dolor abdominal, te realizan unas pruebas, te miran por dentro, diagnostican tu enfermedad y, si pueden, te recetan el remedio. Eso es un gran bien.

Pero, ante aquello a lo que se refería el Principito cuando decía que «lo esencial es invisible a los ojos», ante el misterio, la ciencia debe callar y asombrarse. Eso se le escapa.

Unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos. NO. Otros, en cambio, que había aparecido Elías. NO. Y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. NO.

Ninguna ciencia puede desentrañar el misterio. Sólo ante la contemplación de los sencillos muestra el misterio sus secretos. Sabe más un santo analfabeto en media hora de oración que todos los letrados del mundo con sus legajos.

(TOP25J)

Los que vienen y se van

Os voy a contar algo personal. No por hablar de mí, sino porque creo que mi reflexión también os puede hacer bien a vosotros.

Gran parte de mi tiempo se lo llevan los novios. Tengo bodas a porrillo. Y nueve de cada diez parejas no son de aquí. Por tanto, les dedico días y días, hablo con ellos horas, oficio su boda… y no los vuelvo a ver. Siempre les digo: «Venid de vez en cuando a saludar». Pero ni caso. En ocasiones, me siento como el empleado de una gasolinera. Vienen, les echo la gasolina del sacramento, arrancan el coche y adiós muy buenas. Hasta nunca.

Pero luego pienso en mi amigo Javier, capellán de hospital. Él vino a celebrar una boda aquí y me dijo: «Igual que yo. Los atiendo y se me van o se me mueren». Y pienso en los apóstoles: Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes. Llegaban, sembraban y se marchaban.

Entonces doy gracias a Dios por todos los que vienen y se van. Y, entre que vienen y se van, Dios nos permite dejar sembrada en ellos una semilla de Vida.

(TOP25X)

No salgo de mi asombro

Os diré algo que, tras treinta y un años de sacerdocio, me sigue sorprendiendo: Acuden al confesonario personas con luchas muy violentas. Hablo de tentaciones muy fuertes de lujuria, de soberbia, de envidia… rencores tremendos, heridas abiertas que supuran odio… Podría decirles que luchasen contra esos demonios, pero ¿para qué? Sé que no pueden ganar esa batalla, los puños nada pueden contra las balas de cañón.

Entonces les muestro el único modo de vencer: «Reza». Soy un pesado. Digo «reza» ochocientas veces al día. «Dedica cada jornada diez minutos a leer el Evangelio y meditarlo. Reza el rosario». Es mucho más fácil –y más dulce– dedicar diez minutos a la oración que vencer a un arrebato de ira; pasar las cuentas del rosario que resistir las embestidas de la lujuria.

Les doy este consejo porque sé que la oración transforma al hombre por dentro. Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Y, si se escucha bien, esa palabra se cumple por sí sola. Al cabo de un tiempo de perseverancia en la oración, Cristo invade por completo a la persona.

¿Qué es, entonces, lo que me sorprende? ¡Que no rezan!

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Por no rezar, por no escuchar…

vocaciónY, al final, ¿qué es un santo? ¿El que alcanza el último peldaño de la escalera moral: malo, normal, bueno, buenísimo… y santo? ¿Alguien que nació con genes que lo predisponen para la mística? ¿Un friki de la religión que lleva las cosas hasta el extremo? ¿Qué es un santo?

Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Mise­ri­cordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

Un enfermo curado por el Médico. Un pecador perdonado por Cristo. Un pecador enfermo a quien Jesús dice: Sígueme.

Porque es el Señor quien toma la iniciativa. Todo, en los santos, viene del cielo. Todo es gracia.

¿Quiere eso decir que ellos no han hecho nada?

Claro que han hecho: Él se levantó y lo siguió. Han escuchado la llamada, se han levantado, han dicho que sí a Cristo, se han dejado perdonar, se han dejado sanar… Por eso Dios ha podido obrar maravillas en ellos.

Por no rezar, por no escuchar, por no levantarse (¿del reclinatorio?), por miedo a decir que sí, muchos se sepultan en la mediocridad cuando podrían ser grandes santos.

(2109)

Dentro de la parábola (final alternativo)

He intentado introducirme en la parábola, como el niño que se cuela entre las hojas del cuento. Y he sido uno de esos jornaleros contratados al amanecer.

Al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Des­pués de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Soy cristiano desde la niñez. Apenas recuerdo un solo domingo en que no haya asistido a Misa.

He estado trabajando en esa viña. No he trabajado bien. Muchas veces, a causa del calor, he abandonado mi puesto y he buscado un árbol para refugiarme a su sombra. Otras veces he realizado el trabajo de mala manera, como queriendo acabar. También me he distraído con quienes trabajaban a mi lado, perdiendo el tiempo y haciéndoselo perder a ellos.

Pero, cada vez que levantaba la mirada y veía al Capataz, al Viñador que nos observaba desde la Cruz, me decía a mí mismo: «¡Qué orgullo trabajar para Él!», y me aplicaba a mi labor con redoblado empeño.

Por eso, cuando, al final del día, el Dueño me dio el salario y me dijo: Toma lo tuyo y vete, le respondí: «No me voy. Renuncio al denario si me permites quedarme contigo».

(TOA25)

La semilla y los talentos

Existe un parecido y una diferencia entre la parábola de la semilla y la de los talentos. En ambas parábolas se nos invita a dar fruto, a multiplicar lo recibido. Pero en el caso de los talentos, guardar el talento en tierra es indolencia; en la de la semilla, guardarla es el secreto para que dé fruto.

Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.

Y es que el talento se nos da para que trabajemos. La fe de nada sirve sin obras, es necesario mostrarla en la vida, proclamarla de palabra y llevarla hasta las últimas consecuencias, incluso hasta el martirio. Nadie se salvará por haber mantenido la fe, como quien cubre con las manos la vela de su bautismo, sino por haberla convertido en lámpara que alumbre a quienes viven en tinieblas.

La semilla es la Palabra de Dios. La semilla, sin embargo, es preciso guardarla en el silencio de la oración desde por la mañana y, como la Virgen, meditarla en el corazón durante todo el día. Sólo así da fruto. Y ese fruto es el talento que pondremos a producir.

(TOP24S)

Santas mujeres

santas mujeresA las mujeres que acompañaron a Jesús de pueblo en pueblo y de aldea en aldea las conocemos con el título de «santas mujeres». ¿Por qué? Apenas sabemos nada de ellas.

María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

De María Magdalena sí sabemos, y lo suficiente como para avalar su fama de santidad. Pero ¿qué sabemos de Juana, de Susana, o de esas otras de quienes no conocemos ni el nombre?

Sabemos lo más importante. Muchos siguieron a Jesús porque querían obtener algo: curaciones, expulsión de demonios, milagros… Pero estas mujeres seguían a Jesús solamente por un motivo: para darlo todo. No sólo sus bienes; también su vida. Su vida estaba volcada en Cristo.

Son dos formas distintas de entender la religión: el «Dios para mí» o el «Yo para Dios». Y una sola de estas formas conduce a la santidad. Por eso se las llama «santas mujeres», porque vivían para Dios hecho hombre.

No me queda espacio aquí para explicaros cómo los párrocos conocemos de cerca esta santidad de mujeres que viven para la Iglesia. Es tremendamente real.

(TOP24V)

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