Un latinajo: «Ius suum quique tribuere». La justicia consiste en dar a cada uno su derecho, es decir, lo que le corresponde. Y, por lo tanto, a aquél que me ha tratado mal yo le daré lo suyo. Se va a enterar…
Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Hay otra justicia. Una justicia mayor. Es la justicia con la que Cristo, a quienes éramos malvados e injustos, nos ha hecho justos.
Desde lo alto de la Cruz, no gritó a su Padre: «Dales lo que se merecen», sino que pidió perdón para sus verdugos. Y, en lugar de darnos «lo nuestro», lo que merecíamos, nos dio lo suyo, su sangre y su Espíritu que han limpiado nuestras culpas y nos han convertido en hijos de Dios.
Y ahora, redimidos por la sangre de Cristo y santificados por su Espíritu, Dios nos da lo que merecemos. Como hijos de Dios, merecemos el cielo, merecemos ser alimentados con el cuerpo de Cristo, merecemos ser tratados como reyes.
¡Ésa es la justicia mayor a la de los escribas! La de quien quiere redimir al pecador y hacerlo justo.
(TOP10J)

















