No podemos quedarnos tranquilos tras escuchar la parábola. La mayor parte de nosotros, si consideramos nuestro nivel de vida, nos parecemos más al rico que al pobre. Pero ¿es realmente la pobreza material un seguro de salvación eterna? ¿Existe un nivel de renta por encima del cual se llega necesariamente al Infierno? ¿O la parábola habla de otra cosa?
Creo que la parábola es una pregunta por lo que nos hace felices. Epulón encontró su dicha en la opulencia, por eso lo llamamos así. Se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Lázaro tenía cerradas las puertas de la opulencia, y quizá por eso levantaba los ojos al cielo buscando su consuelo en Dios.
¿Y yo? Confieso que, a lo largo del día, en determinados momentos de cansancio me adelanto a la cena y me imagino sentado en la butaca de mi casa degustando un sándwich. Pero ¿quiere eso decir que mi felicidad consista en quedarme a solas con el sándwich? Espero que sólo quiera decir que estoy cansado.
Por simplificar, la verdadera pregunta queda en el aire: ¿Qué es lo que realmente me hace feliz, la oración y la entrega o la televisión y el sándwich?
(TC02J)

















