Seamos claros: lo que pide la mamá de Santiago y Juan para sus niñitos no es, precisamente, la santidad, sino un puesto en este mundo.
Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
No los quiere en el martirologio, sino en el Gobierno. De vicepresidentes. Nada menos. Porque cree que Jesús instaurará un reino temporal, y sus niñitos tendrán escolta, coche oficial y sitio reservado en los banquetes.
No sabéis lo que pedís.
No lo saben. Porque, en este mundo, el puesto de Jesús no está en un trono, sino en la Cruz.
Sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Y su Padre había reservado ese puesto para dos ladrones. Si mamá lo hubiera sabido…
Yo a mi Mamá, a la Virgen, le pido que me consiga el puesto más cercano al corazón de Cristo. Ni a la derecha ni a la izquierda, sino dentro, como ermitaño de la llaga del costado. Pero, en cuanto a mi puesto en este mundo… Allí donde Jesús me quiera, allí quiero yo estar.
(TP02X)

















