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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Frases lapidarias

Un dirigente socialista español cuyo nombre omito, aficionado a hacer frases lapidarias, tuvo la ocurrencia de decir: «Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». Se podrían haber añadido dos palabras al final, pero mejor paso a lo mío, no vaya a tener que confesarme antes de tiempo.

No sé si esa sentencia define a la perfección el socialismo, no soy político. Pero me viene bien para decir lo que es ser cristiano: Ser cristiano es tener mucho y estar dispuesto a darlo todo.

Gratis habéis recibido, dad gratis. Desde el día de nuestro bautismo, hemos recibido tesoros de un valor incalculable: la fe, la esperanza, la caridad. El don del Espíritu Santo y su gracia. El cuerpo de Cristo que devoramos diariamente. El cariño de los hermanos en la fe. Las Escrituras. Los dones del Paráclito y sus carismas. Y, por encima de todo, el Amor y la predilección de Dios para cada uno.

¿De qué te quejas? Piensa en todo esto, medítalo, da gracias hasta que te quedes afónico.

Si no ofreciésemos al mundo tan valiosos dones, seríamos los epulones de la tierra ante tantos lázaros que viven sin Dios. No permitas que suceda.

(TOP14J)

Y Dios recuperó su cetro

Uno de los momentos más trágicos de la Historia de Israel tuvo lugar cuando el pueblo, sintiendo envidia de los pueblos cercanos, pidió al profeta Samuel que les nombrara un rey. Hasta ese momento, el rey de Israel había sido Dios. Samuel se entristeció mucho por esta petición y fue a consultar con Yahweh. Yahweh, tan disgustado como el profeta, a quien parecía abrazar como dos amigos que comparten la misma pena, le respondió: Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos (1Sam 8, 7). Desde entonces, y comenzando por Saúl, Israel renegó del reinado de Dios y tuvo un rey terreno. Con resultados catastróficos.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Era necesaria esa introducción para que entendamos el alcance de la noticia. Dios recupera el cetro y vuelve a reinar sobre la tierra entera. Reina misteriosamente desde la Cruz, reina glorioso desde el cielo. Reina en tu historia y en la mía, si nos sometemos a su voluntad.

Por mucho que griten los poderosos de la tierra, nada tenemos que temer. Créeme: estamos en buenas manos.

(TOP14X)

Buenos tiempos

Nos quejamos mucho de los tiempos que nos ha tocado vivir. Conforme nos hacemos mayores, nos echamos las manos a la cabeza y pensamos: «¡Esto se hunde!». Cualquiera tiempo pasado fue mejor. Supongo que a todas las generaciones les ha sucedido.

Pero cometemos una grave injusticia. Los tiempos que vivimos nos permiten comunicarnos, desplazarnos, refrescarnos o calentarnos como nunca hasta ahora. Aunque no es eso lo mejor.

Lo mejor es que hemos nacido en los tiempos de la Redención. Supongo que, de haber nacido hace más de dos mil años, hubiera podido vivir sin Internet, sin aire acondicionado ni calefacción, sin presidente del gobierno y sin fútbol. Pero sin Cristo la vida se me haría muerte. Me imagino en la aldea gala de Astérix sin ir a Misa, y me abro las venas ante Panorámix.

Nunca se ha visto en Israel cosa igual. Esto dicen quienes vieron cómo Jesús expulsaba un demonio. Y tenían razón, porque, desde Adán, nunca el demonio había sido vencido. Él era el príncipe de este mundo. Pero ahora veían cómo estaba siendo derrotado.

¡Cómo no voy a dar gracias por haber nacido en los tiempos del reinado de Cristo! ¡Viva el siglo que me parió!

(TOP14M)

El verdadero milagro

Un hombre destrozado por el dolor se acerca a Jesús: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá. Una mujer asediada por la enfermedad se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Las gentes se acercaban al Señor buscando vida. Y se llenaban de alegría cuando Jesús curaba sus dolencias y resucitaba a sus muertos.

Pero aquellos hombres aún desconocían la vida verdadera. Porque tanto la hija de Jairo como aquella hemorroísa murieron. Murieron más tarde de lo esperado, pero murieron. El milagro no suponía sino un aplazamiento del desenlace.

El auténtico milagro, al que esos signos anunciaban, sucede cuando, a través del agua bautismal, el neófito recibe vida eterna; cuando, a través de las manos del sacerdote, llega el perdón al pecador y el alma muerta resucita; cuando, a través de la apariencia de pan, llega al cristiano el cuerpo de Cristo.

Todo eso vendría después. Cuando quien dio vida a los muertos y salud a los enfermos muriese en una cruz y alumbrase ese manantial de Vida inagotable.

¡Con cuánta alegría deberíamos recibir esos sacramentos de vida eterna!

(TOP14L)

Cuanto más grande seas…

Te copio dos versículos del libro del Eclesiástico:

Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor. Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos (Eclo 3, 18-19).

Hoy dice Jesús a su Padre:

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte. Mirad al más grande, a Dios encarnado, colgando de una cruz. Y a personas con la altura moral de un mosquito ciego como Herodes, Caifás, Pilato o los propios soldados escupiéndole, azotándole, insultándole y matándolo. Parece que el mundo es suyo, se creen los amos. Todos han muerto. Cristo vive para siempre y reina sobre cielos y tierra.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte. Cuando crees que sabes más que el resto, cuando lo ves todo «tan claro», cuando estás convencido de tener razón… agáchate. Expón tu opinión con sencillez y deja que te lleven la contraria. Ve por el Camino, por Cristo, y reinarás con Él. Lo que es mejor: conocerás los misterios del Amor de Dios.

(TOA14)

Cuando os arrebataron al Esposo

Sé que me he referido a ello más veces. Pero la experiencia ha dejado una huella imborrable en mí. No puedo olvidarlo. Y cada vez que leo estas palabras del Evangelio, vuelvo de nuevo a 2020, a aquellos días del maldito confinamiento causado por el Covid19:

¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

Mi sacerdocio me convirtió en un auténtico privilegiado. Pude celebrar misa todos los días. Pero fueron muchísimos quienes sufrieron lo indecible por no poder comulgar, dado que las iglesias estaban cerradas. Les arrebataron al Esposo, aquello fue un error terrible que espero no se repita jamás. Y aquellas personas padecieron el peor de los ayunos: el de la Eucaristía.

Claro que a muchos aquello les daba igual. Hacían pasteles, jugaban a videojuegos, salían a la ventana para aplaudir a las ocho de la tarde, y ni se les pasaba por la cabeza que no habían comulgado. Tampoco comulgaban en tiempos de normalidad.

Sólo quien comulga todos los días sabe lo que es un día sin comulgar. Pero también sólo él conoce la inefable dulzura del Pan de Vida.

(TOP13S)

Ahora me ves, ahora no me ves

Cuesta entenderlo:

¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.

Cuesta entenderlo, porque cuando amas quieres ver al ser amado. Sin embargo, lo que ven los ojos siempre acaba desapareciendo de la vista. Ahora me ves, ahora no me ves. Te tengo delante, pero te tienes que marchar. Te veo cada mañana, hasta que mueres y dejo de verte, y mis ojos ya no encuentran consuelo. Así de consolador, así de triste.

Jesús se dejó ver durante tres años por sus discípulos. Y, después de resucitar, durante tres minutos por María Magdalena. Luego desapareció de la vista y lo ocultó una nube. Ahora me ves, ahora no me ves.

Bienaventurados los que crean sin haber visto. Creer es ver con el alma lo que se oculta a los ojos. Es gritar por dentro: ¡Señor mío y Dios mío!, mientras el sacerdote alza la sagrada Hostia.

Lo que crees no se marcha, permanece siempre. Puedes contemplarlo sin descanso. Por eso dice san Pablo: No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno (2Co 4, 18).

(0307)

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