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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Las lágrimas de Dios

Las palabras que Jesús dirige a Cafarnaún, Corozaín y Betsaida podrían leerse como una condena fulminante, como rayos de fuego caídos del cielo para abrasar a quienes han traicionado a Dios.

¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida!… Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.

Pero, aunque lo parezcan, estas palabras no son una condena. Son el llanto del corazón de Cristo sobre aquéllos a quienes tanto amaba. No son fuego, son lágrimas.

En aquellas tres ciudades había realizado Jesús la mayoría de sus milagros. Una de ellas, Cafarnaún, es incluso llamada «la casa del Señor». Fueron muy privilegiadas por el Maestro. Pero esa predilección, en lugar de moverlas a gratitud y a obediencia a las palabras de Cristo, las movió a soberbia y presunción.

Cuando Jesús dice a Cafarnaún que bajará al abismo, no lo dice como quien envía a todo un pueblo al infierno de una patada, sino como una madre que ve a su hijo entregarse a los peores vicios y, llorando, le grita: «¡Te vas a matar!»

No conoce el corazón de Jesús quien lo ve vomitando condenas. Conoce el corazón de Jesús quien contempla y comparte sus lágrimas. Y hay motivo.

(TOP15M)

Con dignidad, pero sin tonterías

Tirarse de cabeza a una piscina con sesenta años es una impertinencia. Eso es para los jóvenes. Si yo veo a un tipo de mi edad tirándose de cabeza pienso: «¡Quién se habrá creído que es este mamarracho!»

Así que, cuando disfruto de la piscina de mi hermana, bajo por la escalera, con la dignidad propia de mis años. Pero bajo deprisa y, en cuanto bajo, me sumerjo por completo, esté el agua fría o caliente. Eso de ir poquito a poquito, primero la puntita del pie, luego la rodillita, luego el ombliguito, luego te echas agüita por la nuca etc., es una tortura propia de cobardes.

Con la fe sucede igual: El que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí. Quienes rezan «un poquito», quienes se rinden sólo a medias no disfrutan de la fe, porque la tibieza se lo impide; y tampoco disfrutan del mundo, porque se lo impide su mala conciencia. Para que Cristo te haga feliz debes sumergirte en Él. Si no le entregas absolutamente todo, si no lo amas desesperadamente, si no bajas todas las defensas y le permites conquistar tu vida por entero, no conocerás la verdadera dicha.

(TOP15L)

Si la tierra estuviera viva…

La tierra rechazaría, la tierra escupiría, la tierra mataría y la tierra abrazaría.

La tierra rechaza: Una parte cayó al borde del camino. No quiere la semilla, no le interesa en absoluto. Estás en misa, y ni siquiera prestas atención. Si, tras la proclamación del evangelio, te preguntan por la antífona del salmo que repetiste cuatro veces, ni te acuerdas.

La tierra escupe: Otra parte cayó en terreno pedregoso. Te has creído que la palabra de Dios es un chicle: la saboreas y después la tiras. Eres puro sentimiento. Qué bonitos los cantos de la misa. Hoy has llorado al comulgar. Dos horas después, cuando llegas a casa, ya no hay quien te aguante. Ahora lloran ellos.

La tierra mata: Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Tus mil preocupaciones, tus «problemas personales», tus afanes y distracciones son cuchillos que matan la palabra en cuanto entra. ¿En qué estás pensando? Nunca en Dios.

La tierra abraza: Otra cayó en tierra buena. Traes la palabra ya leída desde casa. Prestas atención, la acoges como el más preciado tesoro. Al comulgar, te la repites. Y sales de misa meditándola. Y procuras no soltarla en todo el día. Como quien abraza.

(TOA15)

Una de aeropuertos

Acabo de leer «El detalle», una extraordinaria novela de Jesús Carrasco. Con mucho sentido del humor describe las colas interminables que se forman en los aeropuertos ante los mostradores de facturación. Y, como he sufrido esas colas, sé que a todos los penitentes de esa procesión les une un mismo deseo: el de llegar al mostrador, dejar las maletas, y pasar al otro lado para subir al avión.

¿Imagináis que alguien pudiera estar tan a gusto en esas colas, y tan feliz de arrastrar su maleta que decidiera permanecer allí?

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Podría escribirse en piedra sobre un mostrador de facturación: «Quien deje aquí las maletas volará y llegará a su destino».

Pero muchos se acercan a Cristo sólo para recibir: «Señor, dame esto. Señor, concédeme aquello. Señor, quiero…». Venga, más cosas para la maleta. Y cuando llega el momento de facturar, de dejar el equipaje para seguir a Cristo, no se desprenden de nada.

Lo peor es que, cuando llegue la facturación obligatoria, a la hora de la muerte, seguirán abrazándose a sus maletas. Pobres necios.

(1107)

El manantial inagotable y las botellas de la sacristía

Tenemos en la sacristía uno de esos dispensadores de agua que funcionan con botellas de veinte litros suministradas periódicamente por el proveedor. En todas pone que esa agua procede de un manantial, siempre el mismo. Y yo pienso en las miles y miles de botellas de veinte litros que esta gente lleva suministrando durante años por toda España, y quisiera conocer ese manantial que mana tanta agua durante tanto tiempo y nunca se agota.

El que persevere hasta el final, se salvará. Han sido estas palabras del Señor las que me han hecho pensar en el manantial inagotable de las botellas de veinte litros. Porque la perseverancia que nos pide Jesús nos convierte en algo parecido a esa fuente que no para de manar agua.

Te traicionan, y sigues amando. Hablan mal de ti, y sigues amando. Te parten las dos mejillas, y sigues amando. Un día, y otro día, y un año, y otro año… hasta que mueres amando.

No sé si el manantial de las botellas existe; supongo que sí. Pero sé que ese manantial de amor inagotable que debe ser el corazón del cristiano sólo puede fluir si se alimenta del agua manada del corazón de Cristo.

(TOP14V)

Frases lapidarias

Un dirigente socialista español cuyo nombre omito, aficionado a hacer frases lapidarias, tuvo la ocurrencia de decir: «Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». Se podrían haber añadido dos palabras al final, pero mejor paso a lo mío, no vaya a tener que confesarme antes de tiempo.

No sé si esa sentencia define a la perfección el socialismo, no soy político. Pero me viene bien para decir lo que es ser cristiano: Ser cristiano es tener mucho y estar dispuesto a darlo todo.

Gratis habéis recibido, dad gratis. Desde el día de nuestro bautismo, hemos recibido tesoros de un valor incalculable: la fe, la esperanza, la caridad. El don del Espíritu Santo y su gracia. El cuerpo de Cristo que devoramos diariamente. El cariño de los hermanos en la fe. Las Escrituras. Los dones del Paráclito y sus carismas. Y, por encima de todo, el Amor y la predilección de Dios para cada uno.

¿De qué te quejas? Piensa en todo esto, medítalo, da gracias hasta que te quedes afónico.

Si no ofreciésemos al mundo tan valiosos dones, seríamos los epulones de la tierra ante tantos lázaros que viven sin Dios. No permitas que suceda.

(TOP14J)

Y Dios recuperó su cetro

Uno de los momentos más trágicos de la Historia de Israel tuvo lugar cuando el pueblo, sintiendo envidia de los pueblos cercanos, pidió al profeta Samuel que les nombrara un rey. Hasta ese momento, el rey de Israel había sido Dios. Samuel se entristeció mucho por esta petición y fue a consultar con Yahweh. Yahweh, tan disgustado como el profeta, a quien parecía abrazar como dos amigos que comparten la misma pena, le respondió: Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos (1Sam 8, 7). Desde entonces, y comenzando por Saúl, Israel renegó del reinado de Dios y tuvo un rey terreno. Con resultados catastróficos.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Era necesaria esa introducción para que entendamos el alcance de la noticia. Dios recupera el cetro y vuelve a reinar sobre la tierra entera. Reina misteriosamente desde la Cruz, reina glorioso desde el cielo. Reina en tu historia y en la mía, si nos sometemos a su voluntad.

Por mucho que griten los poderosos de la tierra, nada tenemos que temer. Créeme: estamos en buenas manos.

(TOP14X)

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