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Espiritualidad digital – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Si la tierra estuviera viva…

La tierra rechazaría, la tierra escupiría, la tierra mataría y la tierra abrazaría.

La tierra rechaza: Una parte cayó al borde del camino. No quiere la semilla, no le interesa en absoluto. Estás en misa, y ni siquiera prestas atención. Si, tras la proclamación del evangelio, te preguntan por la antífona del salmo que repetiste cuatro veces, ni te acuerdas.

La tierra escupe: Otra parte cayó en terreno pedregoso. Te has creído que la palabra de Dios es un chicle: la saboreas y después la tiras. Eres puro sentimiento. Qué bonitos los cantos de la misa. Hoy has llorado al comulgar. Dos horas después, cuando llegas a casa, ya no hay quien te aguante. Ahora lloran ellos.

La tierra mata: Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Tus mil preocupaciones, tus «problemas personales», tus afanes y distracciones son cuchillos que matan la palabra en cuanto entra. ¿En qué estás pensando? Nunca en Dios.

La tierra abraza: Otra cayó en tierra buena. Traes la palabra ya leída desde casa. Prestas atención, la acoges como el más preciado tesoro. Al comulgar, te la repites. Y sales de misa meditándola. Y procuras no soltarla en todo el día. Como quien abraza.

(TOA15)

Una de aeropuertos

Acabo de leer «El detalle», una extraordinaria novela de Jesús Carrasco. Con mucho sentido del humor describe las colas interminables que se forman en los aeropuertos ante los mostradores de facturación. Y, como he sufrido esas colas, sé que a todos los penitentes de esa procesión les une un mismo deseo: el de llegar al mostrador, dejar las maletas, y pasar al otro lado para subir al avión.

¿Imagináis que alguien pudiera estar tan a gusto en esas colas, y tan feliz de arrastrar su maleta que decidiera permanecer allí?

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Podría escribirse en piedra sobre un mostrador de facturación: «Quien deje aquí las maletas volará y llegará a su destino».

Pero muchos se acercan a Cristo sólo para recibir: «Señor, dame esto. Señor, concédeme aquello. Señor, quiero…». Venga, más cosas para la maleta. Y cuando llega el momento de facturar, de dejar el equipaje para seguir a Cristo, no se desprenden de nada.

Lo peor es que, cuando llegue la facturación obligatoria, a la hora de la muerte, seguirán abrazándose a sus maletas. Pobres necios.

(1107)

El manantial inagotable y las botellas de la sacristía

Tenemos en la sacristía uno de esos dispensadores de agua que funcionan con botellas de veinte litros suministradas periódicamente por el proveedor. En todas pone que esa agua procede de un manantial, siempre el mismo. Y yo pienso en las miles y miles de botellas de veinte litros que esta gente lleva suministrando durante años por toda España, y quisiera conocer ese manantial que mana tanta agua durante tanto tiempo y nunca se agota.

El que persevere hasta el final, se salvará. Han sido estas palabras del Señor las que me han hecho pensar en el manantial inagotable de las botellas de veinte litros. Porque la perseverancia que nos pide Jesús nos convierte en algo parecido a esa fuente que no para de manar agua.

Te traicionan, y sigues amando. Hablan mal de ti, y sigues amando. Te parten las dos mejillas, y sigues amando. Un día, y otro día, y un año, y otro año… hasta que mueres amando.

No sé si el manantial de las botellas existe; supongo que sí. Pero sé que ese manantial de amor inagotable que debe ser el corazón del cristiano sólo puede fluir si se alimenta del agua manada del corazón de Cristo.

(TOP14V)

Frases lapidarias

Un dirigente socialista español cuyo nombre omito, aficionado a hacer frases lapidarias, tuvo la ocurrencia de decir: «Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». Se podrían haber añadido dos palabras al final, pero mejor paso a lo mío, no vaya a tener que confesarme antes de tiempo.

No sé si esa sentencia define a la perfección el socialismo, no soy político. Pero me viene bien para decir lo que es ser cristiano: Ser cristiano es tener mucho y estar dispuesto a darlo todo.

Gratis habéis recibido, dad gratis. Desde el día de nuestro bautismo, hemos recibido tesoros de un valor incalculable: la fe, la esperanza, la caridad. El don del Espíritu Santo y su gracia. El cuerpo de Cristo que devoramos diariamente. El cariño de los hermanos en la fe. Las Escrituras. Los dones del Paráclito y sus carismas. Y, por encima de todo, el Amor y la predilección de Dios para cada uno.

¿De qué te quejas? Piensa en todo esto, medítalo, da gracias hasta que te quedes afónico.

Si no ofreciésemos al mundo tan valiosos dones, seríamos los epulones de la tierra ante tantos lázaros que viven sin Dios. No permitas que suceda.

(TOP14J)

Y Dios recuperó su cetro

Uno de los momentos más trágicos de la Historia de Israel tuvo lugar cuando el pueblo, sintiendo envidia de los pueblos cercanos, pidió al profeta Samuel que les nombrara un rey. Hasta ese momento, el rey de Israel había sido Dios. Samuel se entristeció mucho por esta petición y fue a consultar con Yahweh. Yahweh, tan disgustado como el profeta, a quien parecía abrazar como dos amigos que comparten la misma pena, le respondió: Escucha la voz del pueblo en todo cuanto te digan. No es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos (1Sam 8, 7). Desde entonces, y comenzando por Saúl, Israel renegó del reinado de Dios y tuvo un rey terreno. Con resultados catastróficos.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Era necesaria esa introducción para que entendamos el alcance de la noticia. Dios recupera el cetro y vuelve a reinar sobre la tierra entera. Reina misteriosamente desde la Cruz, reina glorioso desde el cielo. Reina en tu historia y en la mía, si nos sometemos a su voluntad.

Por mucho que griten los poderosos de la tierra, nada tenemos que temer. Créeme: estamos en buenas manos.

(TOP14X)

Buenos tiempos

Nos quejamos mucho de los tiempos que nos ha tocado vivir. Conforme nos hacemos mayores, nos echamos las manos a la cabeza y pensamos: «¡Esto se hunde!». Cualquiera tiempo pasado fue mejor. Supongo que a todas las generaciones les ha sucedido.

Pero cometemos una grave injusticia. Los tiempos que vivimos nos permiten comunicarnos, desplazarnos, refrescarnos o calentarnos como nunca hasta ahora. Aunque no es eso lo mejor.

Lo mejor es que hemos nacido en los tiempos de la Redención. Supongo que, de haber nacido hace más de dos mil años, hubiera podido vivir sin Internet, sin aire acondicionado ni calefacción, sin presidente del gobierno y sin fútbol. Pero sin Cristo la vida se me haría muerte. Me imagino en la aldea gala de Astérix sin ir a Misa, y me abro las venas ante Panorámix.

Nunca se ha visto en Israel cosa igual. Esto dicen quienes vieron cómo Jesús expulsaba un demonio. Y tenían razón, porque, desde Adán, nunca el demonio había sido vencido. Él era el príncipe de este mundo. Pero ahora veían cómo estaba siendo derrotado.

¡Cómo no voy a dar gracias por haber nacido en los tiempos del reinado de Cristo! ¡Viva el siglo que me parió!

(TOP14M)

El verdadero milagro

Un hombre destrozado por el dolor se acerca a Jesús: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá. Una mujer asediada por la enfermedad se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Las gentes se acercaban al Señor buscando vida. Y se llenaban de alegría cuando Jesús curaba sus dolencias y resucitaba a sus muertos.

Pero aquellos hombres aún desconocían la vida verdadera. Porque tanto la hija de Jairo como aquella hemorroísa murieron. Murieron más tarde de lo esperado, pero murieron. El milagro no suponía sino un aplazamiento del desenlace.

El auténtico milagro, al que esos signos anunciaban, sucede cuando, a través del agua bautismal, el neófito recibe vida eterna; cuando, a través de las manos del sacerdote, llega el perdón al pecador y el alma muerta resucita; cuando, a través de la apariencia de pan, llega al cristiano el cuerpo de Cristo.

Todo eso vendría después. Cuando quien dio vida a los muertos y salud a los enfermos muriese en una cruz y alumbrase ese manantial de Vida inagotable.

¡Con cuánta alegría deberíamos recibir esos sacramentos de vida eterna!

(TOP14L)

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