Nos quejamos mucho de los tiempos que nos ha tocado vivir. Conforme nos hacemos mayores, nos echamos las manos a la cabeza y pensamos: «¡Esto se hunde!». Cualquiera tiempo pasado fue mejor. Supongo que a todas las generaciones les ha sucedido.
Pero cometemos una grave injusticia. Los tiempos que vivimos nos permiten comunicarnos, desplazarnos, refrescarnos o calentarnos como nunca hasta ahora. Aunque no es eso lo mejor.
Lo mejor es que hemos nacido en los tiempos de la Redención. Supongo que, de haber nacido hace más de dos mil años, hubiera podido vivir sin Internet, sin aire acondicionado ni calefacción, sin presidente del gobierno y sin fútbol. Pero sin Cristo la vida se me haría muerte. Me imagino en la aldea gala de Astérix sin ir a Misa, y me abro las venas ante Panorámix.
Nunca se ha visto en Israel cosa igual. Esto dicen quienes vieron cómo Jesús expulsaba un demonio. Y tenían razón, porque, desde Adán, nunca el demonio había sido vencido. Él era el príncipe de este mundo. Pero ahora veían cómo estaba siendo derrotado.
¡Cómo no voy a dar gracias por haber nacido en los tiempos del reinado de Cristo! ¡Viva el siglo que me parió!
(TOP14M)

















